<<Guía de Parques y Areas Protegidas - México  
México: Biodiversidad
 

 

 

 

 

 

Flamenco, Gerardo Ceballos, banco de imágenes de Conabio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Chupaflor, Gerardo Ceballos, banco de imágenes de Conabio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ara Macao, Javier de la maza, banco de imágenes de Conabio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Halcón, Oscar Moctezuna, banco de imágenes de Conabio

 

LA DIVERSIDAD DE LAS AVES DE MÉXICO. UN RECURSO PARA ESTUDIAR, PROTEGER Y ADMIRAR

Adolfo G. Navarro Sigüenza y Luis Antonio Sánchez-González

Museo de Zoología
Departamento de Biología Evolutiva
Facultad de Ciencias, UNAM

En esta época en la que la conservación de la biodiversidad es un asunto en boca de todos, y que requiere de la participación de todos, es grato recordar que desde hace varios años existe un interés especial en el estudio de las aves. El 9 de mayo se celebra el Día Internacional de las Aves, lo cual nos permite tener un pretexto para explorar algunos aspectos del importante papel que ellas han tenido en el desarrollo de la vida en la Tierra y de la vida y cultura humanas. Al ser México uno de los tan mencionados países megadiversos del mundo, es de esperarse que uno de los grupos animales destacados por el número de especies en el país sea el de las aves.

LA DIVERSIDAD DE LAS AVES

El número de especies que se encuentran en el Neotrópico (que abarca aproximadamente desde México hasta Patagonia) hacen de ésta la región con la mayor diversidad de estos organismos. Alrededor de 3715 especies de aves se distribuyen en la región, la mayor parte de ellas concentradas en las amplias regiones tropicales del continente. El número de especies de aves en los países que componen la Región Neotropical, se encuentra ampliamente correlacionado con su posición geográfica, su extensión territorial, su composición ambiental y su complejidad topográfica. Por ejemplo, en Brasil se han registrado más de 1600 especies de aves, mientras que tanto en Colombia como en Perú, ambos con una extensión territorial seis veces menor a la de Brasil, se han registrado más de 1700 especies de acuerdo al investigador Douglas Stotz y sus colaboradores. Estos dos países poseen una composición ambiental mucho más compleja, producto de una topografía muy accidentada, en comparación con el relieve más sencillo de Brasil. Aproximadamente el 10% de las especies de aves del mundo conforman la avifauna de México, la cual se compone por alrededor de 1060 especies registradas en el país, lo que coloca a México en el doceavo lugar mundial con respecto a su riqueza.

La riqueza de las aves en México tiene algunos componentes fundamentales con respecto a su presencia estacional, estando compuesta por las residentes permanentes (endémicas, cuasiendémicas y no endémicas) y las residentes temporales o migratorias. Las residentes permanentes son aquellas especies que se encuentran durante todo el año dentro de las fronteras nacionales y conforman aproximadamente el 70% de la avifauna mexicana. Las residentes temporales pueden, a su vez, ser subdivididas en distintas categorías de acuerdo a su tiempo de presencia en la región: residentes de invierno o verano, que son las especies migratorias que se encuentran en México sólo durante alguna época del año; especies transitorias, que se encuentran en el país solamente por breve tiempo en su paso a otras regiones, y especies accidentales, que son registradas con muy baja frecuencia, debido a irrupciones espontáneas o a fenómenos meteorológicos. Las aves migratorias irrumpen en diversas regiones de México por periodos prolongados, de a veces hasta 6 meses, coexistiendo y compartiendo recursos con aquellas que habitan los sitios de manera permanente. Esta dinámica de la migración hace que el número de especies e individuos de aves que encontramos en un lugar determinado varíe a lo largo del año.

En México, al igual que en el resto del planeta, la riqueza de especies de aves muestra un incremento de los polos hacia el Ecuador. Debido a lo anterior, el número de especies que se encuentra en Chihuahua es mucho menor que el número de especies que se encuentra en Guerrero, por ejemplo, aunque aquel tiene una extensión mucho mayor. El estado más rico en cuanto al número de especies de aves es Oaxaca, seguido por Veracruz, Chiapas y Guerrero. Al observar en un mapa las regiones con mayor riqueza de aves en México, se puede notar que estas regiones se encuentran en las tierras bajas de la planicie costera del Golfo, en la Península de Yucatán y en una pequeña área de la costa del Pacífico de Oaxaca, en cada una de las cuales se han registrado más de 190 especies terrestres. Por el contrario, las zonas de menor riqueza se encuentran en las islas, en la Península de Baja California, en la parte norte de la Altiplanicie mexicana y en la cuenca oriental del Balsas. El hecho de que el mayor número de especies se concentre en las regiones este y sureste de México se debe a que las tierras bajas de esas zonas se encuentran cubiertas por selvas tropicales de temperatura agradable y que reciben mucha humedad de las corrientes del Golfo de México, por lo que son propicias para el desarrollo de muchas especies de plantas y animales.

El patrón latitudinal que se observa en la riqueza se repite de manera altitudinal. En las tierras bajas existe una mayor diversidad de especies de las que pueden encontrarse en los niveles superiores de las montañas. Debido a la convergencia del efecto altitudinal y el latitudinal, las selvas concentran el mayor número de especies (hasta 240 especies), mientras que en los bosques de coníferas en las montañas se pueden encontrar hasta 118 especies. Por otra parte, tanto los hábitat costeros, de chaparral y los hábitat transformados tales como las regiones urbanizadas cuentan con hasta 50 especies de aves terrestres.

Un componente muy importante que contribuye a elevar la riqueza de especies de aves en México está conformado por las especies endémicas, que son aquellas que se encuentran exclusivamente en el territorio mexicano. El endemismo es una manera de reconocer que México, junto con el resto de Centroamérica, ha sido un centro de evolución muy importante para la flora y fauna en general. En general, el endemismo en las aves de México se encuentra concentrado en las zonas montañosas y desérticas, y en las islas, pues son áreas aisladas de otras ya sea por agua, otros tipos de vegetación o por menores altitudes, en el caso de las montañas y los desiertos. Esto propicia que los organismos asociados a dichos ambientes evolucionen independientemente de sus parientes cercanos y se conviertan en especies distintas.

De las especies endémicas, algunas pertenecen a géneros que solamente se encuentran en México, muchas veces restringidos a ciertas regiones muy particulares: la codorniz listada (Phylortyx fasciatus) en las zonas áridas y semiáridas de la depresión del Balsas; el trogón orejón (Euptilotis neoxenus) en los bosques de pino y pino-encino de la Sierra Madre Occidental, desde Sonora hasta Michoacán y el centzontle de la Isla Socorro (Mimodes graysoni), en el Archipiélago de las Revillagigedo. Otros ejemplos son el cardenal de bosque (Rhodothraupis celaeno) que habita únicamente en los bosques de montaña y los matorrales montanos de la Sierra Madre Oriental; el saltapared selvático (Hylorchilus sumichrasti) y el de Nava (Hylorchilus navai) que se encuentran restringido a las selvas tropicales de Veracruz, Chiapas y Oaxaca; y el papamoscas de flamas (Deltarhynchus flammulatus) que habita exclusivamente en la planicie costera del Pacífico desde Sonora hasta Oaxaca. Las cotorras serranas, Rhynchopsitta pachyrhyncha y R. terrisi, son un par de especies endémicas que habitan en los bosques de pino-encino de la Sierra Madre Occidental y el norte de la Sierra Madre Oriental, respectivamente. El gorrión serrano (Xenospiza baileyi) habita exclusivamente las altas montañas del Valle de México y en tiempos anteriores también Jalisco y Durango. Como se puede apreciar, la gran mayoría de los géneros endémicos están asociados a los ambientes de montaña, desiertos e islas, lo que indica que uno de los factores importantes para el desarrollo de nuevas especies es el aislamiento geográfico. Otras muchas especies, que pertenecen a géneros no restringidos a México, se encuentran solamente dentro del territorio nacional (endémicos) o penetran ligeramente en otros países (cuasiendémicos) debido a la continuidad de los hábitats o sistemas orográficos como lo son las montañas de Chiapas que se continúan hasta Guatemala o los bosques de coníferas del norte, que penetran hasta el extremo suroeste de los Estados Unidos.

Varias de las especies endémicas se encuentran restringidas a zonas geográficas muy reducidas dentro del país, lo que las hace muy locales y, en ocasiones, raras o en peligro. Por ejemplo, el colibrí coqueta (Lophornis brachylopha), la chara de Omiltemi (Cyanolyca mirabilis) y el colibrí de cola blanca (Eupherusa poliocerca), solamente existen en zonas reducidas de la Sierra Madre del Sur de Guerrero y Oaxaca; la urraquilla enana (Cyanolyca nana) habita exclusivamente los bosques de montaña del centro de Oaxaca y Veracruz; la alcita de Craver (Synthlyboramphus craveri) es encontrada solamente en la parte más norte del Golfo de California; las mascaritas tampiqueña (Geothlypis flavovelata) y de Baja California (Geothlypis beldingi) se encuentran restringidas a los humedales de dichas regiones; el cuitlacoche de Cozumel (Toxostoma guttatum), la paloma de Isla Socorro (Zenaida graysoni), la troglodita de Isla Clarión (Troglodytes tanneri), el saltapared de Isla Socorro (Thryomanes sissonii), y el junco de la Isla Guadalupe (Junco insularis), sólo existen restringidos a dichas islas. Sin embargo, otras especies endémicas de México tienen una distribución más amplia, y se pueden encontrar en gran parte del territorio nacional, en las montañas, desiertos o zonas tropicales bajas.

CONSERVACIÓN DE LA AVIFAUNA NACIONAL

Grandes esfuerzos se están dedicando al conocimiento de la avifauna nacional y su protección. Desgraciadamente, el acelerado ritmo de crecimiento de la población y las necesidades económicas han hecho que los recursos naturales estén desapareciendo a velocidades peligrosas, lo que significa que esa enorme riqueza biológica del país se está perdiendo. Las aves son, como los demás organismos, parte fundamental de los ecosistemas y se encuentran amenazadas o en peligro por una gran variedad de factores. Algunos de ellos son la alarmante destrucción de los hábitat en la mayor parte del país, la cacería inmoderada que se hace de muchas de ellas, el tráfico de especies para ornato, la introducción de fauna exótica, y la contaminación.

Desafortunadamente, en México se han extinto varias especies de aves producto de alguno de los factores arriba mencionados. El carpintero imperial (Campephilus imperialis), el zanate de Lerma (Quiscalus palustris), el petrel (Oceanodroma macrodactyla) y el caracara (Polyborus lutosus) de isla Guadalupe y la paloma de isla Socorro (Zenaida graysoni, la cual solamente existe en cautiverio), han desaparecido de la avifauna nacional. Existen otras especies para las cuales se están realizando esfuerzos de conservación especiales, porque sus poblaciones se encuentran seriamente amenazadas. El gobierno y las organizaciones internacionales y nacionales de conservación de las aves han publicado listados en los que se incluyen varias especies en peligro o amenazadas de extinción. Por ejemplo, el águila arpía (Harpia harpyja), una de las rapaces más grandes del mundo, habita las selvas tropicales las cuales son taladas con gran rapidez, y el águila real (Aquila chrysaetos), del norte de México, necesitan grandes áreas para obtener su alimento (mamíferos medianos). De igual manera la destrucción de los bosques nublados de montaña del estado de Chiapas y la cacería han reducido las poblaciones del quetzal (Pharomachrus mocinno), el pavón (Oreophasis derbianus), la cojolita (Penelopina nigra) y la tangara chiapaneca (Tangara cabanisi); mientras que los bosques de coníferas del noroeste del país, altamente degradados por la explotación maderera, encuentran su morada el búho serrano (Strix occidentalis), la urraca pinta (Cyanocorax dickeyi) y el trogón orejón (Euptilotis neoxenus). Las únicas poblaciones mexicanas de flamencos (Phoenicopterus ruber) anidan en dos lagunas costeras de la Península de Yucatán; la contaminación y las intrusiones humanas hacen que estas nerviosas aves lleguen a abandonar sus nidos y pollos, amenazando con destruir sus poblaciones. La cacería llegó casi a exterminar las poblaciones de grullas blancas (Grus americana), de las cuales no se ha tenido registro reciente en México. Por el contrario, es el tráfico de especies para ser usadas como mascotas lo que ha llevado al borde de la extinción a los loros tamaulipeco (Amazona viridigenalis) y de cabeza amarilla (Amazona oratrix), así como a la guacamaya roja (Ara macao) y las dos especies de guacamaya enana (Rhynchopsitta spp). La destrucción del hábitat amenaza también a especies muy poco conocidas y que tienen áreas de distribución muy restringida en México, como el jabirú (Jabiru mycteria), el mosquerito fajado (Xenotriccus callizonus), la urraca enana (Cyanolyca nana) y el colibrí coqueta de Guerrero (Lophornis brachylopha). Todo esto, insistimos, indica una necesidad urgente de establecer reservas biológicas, además de desarrollar programas de conservación particulares que protejan los hábitat y las especies.

CONCLUSIONES

La riqueza avifaunística de México es impresionante, tanto por el número de especies como por la alta proporción de endemismos. El estudio en detalle de este recurso natural, como el de toda la biota nacional, es de vital importancia para contar con los elementos necesarios en el entendimiento de la dinámica y situación de los ecosistemas para un uso racional de los recursos naturales. Sólo con esta información se podrán tomar decisiones inteligentes en el diseño de estrategias de conservación. Aunque las aves es tal vez el grupo de vertebrados mejor conocido, aún existen muchos aspectos por ser estudiados. Afortunadamente, cada vez son más los profesionales interesados en su estudio, lo que indica que la ornitología mexicana está llegando a una nueva etapa de progreso.

Esta información es gracias a la Comisión Nacional para el conocimiento y uso de la biodiversidad (CONABIO)